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martes, 21 de julio de 2020

La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson

En esta época de confinamiento, seguir con un plan lector es difícil. En primer lugar, no contamos con la biblioteca ni los intercambios de libros en el aula. Por otra parte, en la literatura infantil hay poco e-book. Y si bien hay librerías que hacen delivery, para muchos la situación económica es complicada. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Renunciamos a leer literatura? De ninguna manera. Recurrimos a los clásicos. El gran clásico de aventuras es: La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson.



Me encanta esta novela porque tiene todo lo que tiene que tener un libro de aventuras: escenarios que permiten despegar y volar nuestra imaginación, conflictos que se van tramando hasta que estallan y personajes increíbles. El personaje de Silver es grandioso, genera distintas anticipaciones e interpretaciones. Tiene muchas idas y venidas y produce desconfianza. No obstante, al momento de golpear el martillo y juzgar sus acciones puede haber diversas opiniones.

Una cosa importante es alertar a los alumnos del cambio de voz narrativa y conversar sobre las decisiones que tomó Jim, a partir de lo que sabe y no sabe sobre el resto de la tripulación.

Como producción escrita se puede crear una escena alternativa en la que Jim no haya tenido la suerte de escuchar la conversación entre Silver y sus secuaces.

En mi casa tengo una versión que sacó Alfaguara y Clarín. Como es un clásico, los alumnos pueden tener otras ediciones y se pueden hacer comparaciones al respecto. Y de paso se puede trabajar las distintas traducciones y qué le aporta a la historia una edición con respecto de la otra.

lunes, 23 de diciembre de 2019

"Un hobby siniestro" y "El fantasma del último pirata", de Fernando de Vedia

En Villa Coyoi ocurre algo inesperado. Un anciano pacífico, de movilidad reducida, se transforma en un ser amenazante. Ataca fuera de sí, con una fuerza proveniente de otro lugar, que no son propias de sus entrañas. A partir de ese momento, se desencadenan varios sucesos inexplicables. Algunos habitantes de Villa Coyoi tienen un accionar irreconocible. Francisco y Lucy advierten que hay algo en común en todos ellos: todos fueron poseídos por el alma de un pirata. Por el alma en pena de Robert "Rat" Ronson. Uno de los piratas más peligrosos que ha tenido la historia de los mares. ¿Cómo llegó el alma de un pirata que perteneció a la "Cofradía de los perros sanguinarios" a un pueblo? Precisamente por un hobby, por coleccionar botellas con réplicas de barcos.

El final del libro "Un hobby siniestro", de Fernando de Vedia, permite una segunda parte. Todos los pueblerinos creen que todo ha vuelto a la normalidad pero no es así. El intendente de Villa Coyoi ha sido poseído por el alma de Edward Ronson, el hermano de Robert. En "El fantasma del último pirata", Edward Ronson va a buscar la manera de liberar nuevamente a su hermano y quedarse con el dinero de todo el pueblo. Como no podía ser de otra manera, los hermanos Francisco y Lucy son los encargados de salvar al pueblo.


Cada libro se puede leer por separado. "El fantasma del último pirata" tiene un resumen de la novela anterior. Los libros son de ágil lectura, atrapantes. El segundo libro no pierde fuerza, al contrario. Resulta interesante el vínculo entre dos hermanos piratas. Lo único que no me termina de cerrar es que en algunas partes de la trama, las cosas se acomodan en favor de los personajes, de forma oportuna.

Las expresiones de las ilustraciones del interior del libro me hacen acordar a las novelas gráficas. La tapa del segundo libro me parece más atractiva que la del primero, pero entiendo que es difícil no spoilear.

Aunque la editorial sugiere su lectura desde 10 años, chicos de 8 años muy lectores pueden leerlo con tranquilidad. Recomendado para lectores que sean amantes del misterio y de las historias con piratas muy pero muy malos.

jueves, 6 de octubre de 2016

La sonada aventura de Ben Malasangüe, de Ema Wolf

Esta es la historia de un pirata que inicia su oficio a destiempo. Y como suelen ser las historias de piratas, tiene búsqueda de tesoros, problemas con víveres, una tormenta que azota a la embarcación y el naufragio en una isla desconocida.

La novela es corta pero no es fácil de leer por dos razones. La primera es que hay un vocabulario propio de la navegación, alguna que otra palabra o construcción que puede generar dificultad. También hay alusiones a  sucesos de la historia y referencias a puntos geográficos. Otro motivo por el que puede generar complicación es la estructura de la novela. Cuando los piratas llegan a la isla, además de contar lo que les sucede a ellos, se introduce la historia de los que viven allí. Esto requiere que el lector pueda seguir las dos historias, recordar o volver para atrás, hasta que se crucen. Dicho todo esto, el libro amerita el desafío.

Ema Wolf utiliza muchos y diversos recursos de comicidad que hacen que la novela sea divertida de leer. Algunas partes graciosas solamente son para entendidos, es decir, para argentinos o conocedores de la cultura argenta. Más allá de esto, que no es poco, es una historia muy bien contada que te suma a la aventura de un grupo de piratas, que te hace sentir empatía por el gato, asco por una dieta a base de banana y curiosidad por el compañero de celda de Ben.

Además, el libro está ilustrado por Tabaré, un historietista muy conocido por sus personajes Diógenes y el Linyera. Como era de esperar, logró capturar muy bien las escenas y hacer su aporte.

El libro fue editado por Alfaguara infantil.

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