domingo, 28 de mayo de 2017

Zoom, de Istvan Banyai

Conocí este libro en una materia que proponía realizar una investigación social. Estábamos hablando del recorte de la investigación y de que todo dependía dónde pusiéramos el foco y el zoom. Y creo que es lo que el libro propone, pensar en lo particular dentro de una totalidad. También, por supuesto,  jugar con las imágenes.

El libro de Istvan no tiene texto, solo ilustraciones. Ilustraciones que nos hacen formular anticipaciones ¿qué será esto que veo? O que nos hacen creer que estamos viendo algo y en realidad se trata de otra cosa. O decir: "efectivamente es una casa, pero de una maqueta". Para dejarnos llevar por la propuesta, recomiendo pasar las hojas despacito y sin apuro. ¿Qué nos hizo pensar eso que vimos? ¿Y qué era en realidad?, ¿cuánto tuve que mirar para saber realmente de qué se trataba? ¿Nos puede pasar esto en la vida cotidiana? Cuando miramos en la tele una escena, ¿no juzgaremos rápidamente si no conocemos el contexto?

El estilo de las ilustraciones me encantan, me hace acordar a revistas de otra época. Un libro que pueden disfrutar chicos y grandes. De esos que vale la pena tener.

Editado por Fondo de Cultura Económica

domingo, 23 de abril de 2017

El viento vuela cosas, de Martín Blasco

Esta vez les traigo una antología de cuentos de Martín Blasco disparatada y divertida. Y cuando digo disparatada es porque es muuuuy disparatada, ¿a quién se le ocurre hacer varios relatos sobre Norberto, un hombre muerto que sigue vivito y coleando? Y cuando afirmo que es un libro divertido es porque cada cuento, de los once que contiene el libro, te saca una sonrisa.


Lo interesante de esta antología es que cada historia tiene su encanto y su forma de contarse. Por ejemplo, Un león de incógnito es como una fábula, en la que hay una disputa entre dos animales distintos, uno más fuerte y otro más sabio. La historia de Norberto, a la que ya hice mención, se divide en varios pequeños relatos que se intercalan entre cuento y cuento. Bien podría tratarse de una tira cómica. Asimismo, algunos cuentos tienen una estructura similar a los tradicionales con un toque personal. Y hay personajes de distintas historias que se cruzan en un determinado momento.
El libro cuenta con las ilustraciones del conocido autor de historietas, Leo Arias, que le aportan muchísimo al tono que se plantea.

Considero que es un libro ideal para primeros lectores, para que lean solos y se entretengan.

El libro fue editado por Uranito.

Lookit (juego de mesa)


Lookit es un juego de mesa que viene con unos cartones llenos de imágenes, un dado, tarjetas, un reloj de arena y unas fichas. El jugador da vuelta una tarjeta para saber qué es lo que tiene que buscar. Por ejemplo, un teléfono. Tira el dado para saber cuántos. Si no tiene mucha suerte podrían ser cinco. Da vuelta el reloj de arena y empieza a buscar. Si encuentra lo que le corresponde, es decir, cinco teléfonos, ganará una ficha. La dificultad está en que no todos los teléfonos aparecen con la misma forma: pueden ser celulares, teléfonos antiguos de distintos modelos, etc. En general, suele ocurrir que los que esperan su turno encuentren de forma rápida los objetos que tiene que buscar su competidor. Y esto es así porque no tienen la presión del tiempo. El beneficio de este juego: la concentración y memoria visual.


Si el niño recién está aprendiendo a leer y escribir se le puede crear un talonario con menos cantidad de imágenes, y tarjetas con una sola palabra. A modo de que deba leer la tarjeta y encontrar el dibujo que corresponda. También es posible adaptar el juego con vocabulario en otro idioma. Por supuesto que para enseñar a leer y a escribir utilizamos textos. Pero si el niño está interesado en el juego porque lo conoce, se puede buscar la vuelta para que juegue a algo similar.

domingo, 16 de abril de 2017

Conejos en el huerto, de Luis Fernando Marcantoni (juego de mesa)

No sé si el creador de este juego se habrá inspirado en los conejos de pascua. Lo que sí sé es que lo jugué hoy, un domingo de pascuas, y que la pasamos bárbaro.
 
Cada jugador tiene un par de conejos de un mismo color. El objetivo del juego es recolectar hortalizas. ¿Da lo mismo cualquier hortaliza? No, depende de los puntos que te dan por cada verdura (tampoco es lo mismo si todavía quedan en el pilón o si se han acabado).

El juego consta de: tablero para armar en forma de círculo (que representa el huerto), fichas con números que representan las caras de los dados (hasta el número cinco), fichas con hortalizas (remolachas, nabos, papas, brócolis y, por supuesto, zanahorias), cuatro pares de conejos de distinto color, un perro, unos biombos para tapar las fichas que recolecta cada jugador y tarjetas de puntuación con los valores de cada hortaliza.
Los conejos saltan de acuerdo a la suma que da los números en donde se encuentra cada conejo del mismo color (pueden conseguir una, dos o tres fichas por jugada). Si un conejo cae en la casilla del perro, el jugador puede tapar un pilón de hortalizas y nadie podrá recoger de ese tipo hasta que esa situación sea modificada. Como se mencionó con anterioridad, las hortalizas tienen un valor dependiendo de si todavía hay en el pilón o no. Por eso, resulta importante la utilización del perro, pues no conviene que se acabe la pila de hortalizas en las que uno tiene más fichas. En este juego no hay nada librado al azar, es estrategia pura. Nadie sabe quién va a ganar hasta el final.

Además de ser divertido, el juego es muy lindo estéticamente. Las ilustraciones son muy simpáticas y coloridas.

El juego es para 2 a 4 jugadores, a partir de los 8 años de edad. Made in Argentina.  Salió por Ruibal.

Ideal para que los niños hagan cuentas y anticipaciones mentalmente.


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