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viernes, 23 de agosto de 2019

¡Pío! (¡Caramba, qué pollo!), de Fernando Rubio y Eugenia Nobati.

Esta es la historia de un pollito y su abuelo. El gallo le cuenta al pollito las novedades del corral. El pollito, sin más información que las palabras de su abuelo, empieza a imaginar, a darle "forma" en su cabeza a esas descripciones. El problema es que las descripciones de ese hermano recién nacido producen en la mente del pollito una figura deforme, fiera, espantosa, horripilante. ¿Se imaginan un pollo enorme, gris y con alas en la cabeza?


Se trata de un libro álbum porque las imágenes y el texto dialogan, se precisan mutuamente. El texto que propone Fernando Rubio es divertido y disparatado. Los dibujos de Eugenia Nobati son impresionantes. Vale remarcar una gran edición de Una Luna.  ¡Caramba, qué buen libro!

sábado, 15 de septiembre de 2018

El viaje de Ida, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes

Vamos a hablar de un libro muy bonito: El viaje de Ida y El viaje de Regreso, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes. Sí, vamos a hablar de un solo libro, aunque tenga dos títulos porque tiene dos historias.

Esta es una historia de amor entre una tortuga y un tortugo, separados por la distancia. La tortuga, sin importar su andar tranquilo, decide ir en busca de su amor. El tortugo lo mismo. ¿Cuál sería el problema si los dos están enamorados del uno y del otro? El problema es que, como en todas las historias románticas, en donde no hay celular para mandarse un mensajito, hay desencuentros. Amor y desencuentro es una combinación que nunca falla.
 
¿Podrán encontrarse la tortuga Ida y el tortugo Regreso? Para saberlo hay que leer las dos historias, leer el libro de un lado y del otro. Y también mirar las ilustraciones de la misma forma. Porque el dibujo es el mismo pero dependiendo desde donde se lo mire, la cosa cambia.

El libro permite al lector casualmente este ir y volver para encontrar la historia completa, desde la perspectiva de los dos personajes. Como todo libro álbum, tanto texto como ilustración se deben articular bien para que funcione. Y eso está logrado.

El libro fue editado por Colihue.

jueves, 26 de julio de 2018

El libro negro de los colores, de Menena Cottin y Rosana Faría

Con mis alumnos y alumnas de 5to grado leímos y sentimos “El libro negro de los colores”, de Menena Cottin y Rosana Faría, editado por Zorro Rojo. ¿Por qué se llama así el libro? Porque el libro es completamente negro, salvo por un poquito de blanco en algunas letras. Sin embargo, es un libro lleno de color porque cuando uno lo lee puede imaginarse los colores. Por ejemplo, en una parte dice: “El rojo es ácido como la fresa y dulce como la sandía, pero duele cuando se asoma por el raspón de su rodilla”. 


El texto tiene dos tipos de escritura: la alfabética y el braille, un sistema de escritura táctil para personas no videntes. Asimismo, las ilustraciones tienen relieve. Luego de la lectura, hablamos sobre el acceso a los libros para personas que no pueden ver, de los libros traducidos al braille o audiolibros. También conversamos sobre el teatro ciego. Una alumna contó su experiencia con la obra "Mi amiga la oscuridad".

Cada estudiante tenía en su mesa una hoja de color y tenía como consigna pensar: ¿Cómo le explicarías a una persona que no ve cómo es ese color? Además de escribir, tenían que crear una ilustración con textura. Realmente fueron increíbles las producciones que hicieron. 

El libro es hermoso y es hermoso lo que puede surgir a partir de su lectura.

jueves, 8 de febrero de 2018

El zoo de Joaquín, de Pablo Bernasconi

¿De qué se trata "El zoo de Joaquín"? Joaquín quiere ser inventor y se pone manos a la obra. Toma algunos cachivaches y fabrica diez animales para que le hagan compañía. 


En primer lugar, cabe aclarar algunas cosas. Cualquiera puede ser inventor, Homero Simpson lo demuestra en su competencia con Thomas Edison. No son las mejores creaciones, de hecho, la alarma "todo está bien" es irritante. Y hasta Roberto Arlt, un hombre muy inteligente, ha fracasado en su proyecto de hacer medias de caucho. Pero lo cierto es que cualquiera puede crear algo nuevo aunque después aparezca en la lista de los inventos más inútiles de todos los tiempos. Ser creativo es ser humano. 

Por otra parte, es importante tener en cuenta que los niños son muy creativos y muchos sueñan con ser inventores como Joaquín. Por eso, es muy triste cuando se pretende limitar la creatividad de un niño. 

Otra cosa que me parece que vale la pena tener en cuenta, que los chicos lo saben pero que los adultos se olvidan, es que cualquier cosa puede ser un juguete. Por ejemplo, una caja de cartón. Que los avances tecnológicos no nos hagan olvidar de que jugábamos con piedras a la payana.

Hechas estas aclaraciones, debo decir que el libro "El zoo de Joaquín", de Pablo Bernasconi, es un libro muy creativo, que permite desplegar la imaginación de sus lectores. Veamos. Los animales están hechos con objetos o con plantas de uso cotidiano. Por ejemplo, Joaquín crea un hipopótamo con un rallador. Asimismo, la narración tiene rima y juego de palabras, e ideas disparatadas, lo que demuestra su creatividad para contar una historia. Además, las imágenes son sumamente interesantes, fuera de lo común.


¿Qué hicimos con este libro tan lindo? Después de leer el libro, comentarlo, observar los detalles de las imágenes, los niños inventaron su propio animal. A su diseño le sacaron flechas para escribir de qué estaba hecho. También debían escribir y contar su idea, qué habían elegido y por qué. Pienso que quizás la consigna se podría hacer más amplia y habilitar otro tipo de inventos.

A otro niño, al que le leí el libro, se le ocurrió hacer un león con cajas de cartón de distintos tamaños, hilo sisal para la melena y tela para la cola. Algo más convencional. Pero sin dejar de ser una creación. Le gustaba construir cosas con cartón, veía una caja y la guardaba. Hizo espadas de cartón, casas de cartón, escenarios para sus juegos de cartón, teatrillos de cartón, un kiosco de cartón, en fin, con una caja de cartón, una tijera y una cinta de papel estaba feliz. Por eso, recomiendo guardar cajas, pedacitos de cartulina, tapitas, todas esas cosas que se suelen tirar, sirven. Como decían las abuelas "total, para tirar hay tiempo". 

Otra propuesta podría ser colocar objetos en una mesa y que esos objetos inspiren una creación. O pensar en algún problema y tratar de buscar la solución. Como verán, permite hacer muchas cosas.

No me gusta pensar la literatura en términos utilitarios, sin embargo hay libros que, además de la belleza de sus palabras, habilitan otras posibilidades y me parece que está bueno aprovecharlas.

lunes, 10 de julio de 2017

Gajos de naranja, de Françoise Legendre

Después de la comida, cuando era adolescente, mi mamá, mi prima y yo solíamos comer una fruta de postre. Aquella situación tan cotidiana, se tornó especial con el pasar del tiempo. No era solo comer una fruta. Era la oportunidad para hablar entre nosotras. En esta historia ocurre algo parecido. Los gajos de naranja son lo que comparten Petra y su abuelo. En realidad, más que eso. Es el despertar de cada mañana, que tu abuelo te comparta un mordisco de sol y una sonrisa al abrir los ojos cada día. Y que te espere por la tarde, después de la escuela, bajo un olivo.


Un día, como ocurre en la vida, la cosas cambian. El abuelo se pone enfermo. No come nada. Petra le lleva un mordisco de sol, antes de que suba al cielo. Y dejo a propósito la ambigüedad, tal como en el libro.

La historia es muy sencilla pero no por eso deja de ser interesante. Es mirar lo cotidiano con otros ojos, con ojos de poeta y dejarse inundar por los sentidos (en todos sus sentidos).

Las ilustraciones que acompañan el texto pertenecen a Natali Fortier y fueron cuidadosamente trabajadas, con el respeto que merece una historia así.

El libro que tengo en mis manos fue editado por Tándem ediciones. Los invito a que este libro sea como un gajo de una naranja. Tal vez, para muchos pueda serlo.



lunes, 3 de abril de 2017

¿A qué sabe la luna?, de Michael Grejniec

Este libro me lo recomendó una lectora del blog. Está buenísimo, y también que me haya pasado el dato. Así que este post va dedicado a ella. Debo decir que me gustó tanto el libro que se lo recomendé a una amiga que tenía que hacer un regalo. Fue una grata sorpresa enterarme de que a esos niños se lo leen frecuentemente antes de dormir. Qué bueno es acertar con un regalo y mucho más si se trata de un libro.



Hablando de leer antes de dormir, esta historia es ideal para ese momento porque trata sobre la luna. He escuchado, quizás ustedes también, que muchas veces se pensó a la luna poéticamente como un gran queso porque sus cráteres son parecidos a los ojos de un queso gruyere. Si la luna fuera de queso, sabríamos el sabor que tiene. Un sabor rico para todos a los que nos gusta el queso, incluídos ratones. Y si leemos un libro de ciencias nos encontraremos con que algunas partes de la luna se las denomina "mares" y en ese caso si fueran realmente mares, también sería salada. Pero es imposible saber qué gusto tiene porque es una forma de decir. Habría que preguntarle a Neil Amstrong, si realmente puso un pie allí y le dio una probadita. 

La cuestión es que unos animales querían saber a qué sabe la luna, si es dulce o salada pero nadie por su cuenta podía alcanzarla. Entonces, decidieron hacer una torre animal. Si tuvieron éxito o no, no se los voy a decir. Lo importante es la idea de cooperación que aparece y la retahíla (en la mención de los animales). Otra cosa interesante es lo que sucede con el pez.

El libro fue editado por Kalandraka. Claramente, es un libro para soñar. 




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