jueves, 15 de febrero de 2018

El pueblo que no quería ser gris, de Beatriz Doumerc y Ayak Barnes

Un rey, un tirano, decide un día, así de la nada, que todo el pueblo pinte sus casas de color gris. Seguramente porque un pueblo oprimido tiene que ir a tono con esa opresión. Sin chistar, todo el pueblo acata la orden y las casas oscurecen con pinceladas de miedo y resignación. Pero uno de los súbditos ve una paloma de color rojo, azul y blanca (¿símbolo de la libertad, igualdad y fraternidad?) y decide, a pesar de la orden real, pintar su casa de esos colores. El rey, que todo lo sabe y todo lo ve, le pide a sus guardias que traigan a ese rebelde ante él. Es totalmente inaceptable que alguien siquiera ose contradecirlo. Sin embargo, ¿qué pasa si otros súbditos, animados por aquel rebelde, deciden hacer lo mismo? ¿Cómo hará un simple rey con unos pocos guardias para robarle la libertad a miles? ¿Cómo hace una minoría organizada para someter a una mayoría unida? La rebelión de este pueblo que no quería ser gris no es consciente, no hay un líder que los organice, simplemente un efecto contagio. Y la organización es importante. De todas formas, es interesante el final del cuento, pues en otros reinos empiezan a tener temor sobre lo que les puede suceder a ellos. El temor no se debe a los colores, claro que no, es perder autoridad frente a las masas. Porque si empiezan por elegir los colores de las casas, quién sabe hasta dónde pueden llegar.



Es un libro muy lindo para reflexionar sobre la libertad y la unión, que viene bien para cualquier momento de la vida.

El pueblo que no quería ser gris, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes, fue editado por Colihue.

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