sábado, 4 de marzo de 2017

Memoria Prodigiosa, de Julieta Marucco (Obra de teatro sobre San Martín) - Los otros héroes-


Esta obra de teatro la escribí pensando en todos los colaboradores que tuvo José de San Martín para cruzar los Andes, en aquellos héroes anónimos. Recomiendo visitar el Museo Histórico Nacional (Buenos Aires) donde podrán ver el sable y una recreación de la habitación del General San Martín, entre otras cosas interesantes.



MEMORIA PRODIGIOSA

PERSONAJES

FRANCISCO
ISIDORA
CONSUELO
BAUTISTA

Obra dividida en dos actos.

San Martín organizó el Cruce de los Andes para liberar Chile y, de esa forma, conseguir la libertad en toda América del Sur. Una expedición muy difícil para la que necesitó la ayuda de baquianos.





PRIMER ACTO


PERSONAJES

DOÑA ISIDORA
DOÑA CONSUELO
BAUTISTA

Escena 1

En la cocina de la casa, Doña Isidora conversa con su hija Consuelo, que recién llega de viaje. Bautista, hijo de Consuelo, juega en el suelo con una pequeña pelota de trapo. Don Francisco, el abuelo, duerme la siesta.

Isidora: (le toma las manos a Consuelo) Qué bueno que hayan podido venir. ¡Cuánta alegría me da verlos!
Consuelo: Hace tiempo que queríamos, pero ya sabe lo difícil que es.
Isidora: Sí, hija, lo sé.
Consuelo: ¿Y ustedes cómo están?
Isidora: Tu padre está cada vez más viejo y mañoso. Pero bien, por los años que tiene, dentro de todo bien.
Consuelo: ¿Y usted?
Isidora: Bien, ahora que los veo, mejor.
Consuelo: Para serle sincera, madre, por los comentarios que escuché pensaba que estaban mal.
Isidora: ¿Mal? No sé por qué andan desparramando esos chismes.
Consuelo: Sobre todo estaba preocupada por papá.
Isidora: Ya lo va a ver con sus propios ojos. Es un hombre grande y cansado, pero nada más que eso. Él es resistente, usted sabe. Lo que pasa es que en el pueblo estaban acostumbrados a verlo de acá para allá, como buen baquiano que era, y les cuesta hacerse a la idea de que han pasado los años…
Consuelo: Bautista, tené cuidado con la pelota, que le vas a romper las cosas a la abuela y se enoja.
Isidora: Dejalo al niño, qué puede romper en este rancho.
Consuelo: Ya está grande para jugar.
Isidora: Venga, hijo. (Isidora se levanta, busca un cacharro y saca de ahí unas pasas de uva) Esto le guardaron los abuelos para que coma.
(Bautista toma las pasas de uva y empieza a comer)
Consuelo: ¿Qué se dice? Decile gracias a la abuela.
Bautista: Gracias.
Consuelo: Así está mejor.
(Isidora le acaricia la cabeza a Bautista. Bautista sale al patio con un puñado de pasas de uva en la mano y en la otra su pelota de trapo)
Isidora: Está bien criado.
Consuelo: Una lo intenta. A veces se comporta como un niño chiquito y hace sus diabluras, y a veces se comporta como un hombrecito.
Isidora: Está en la edad del cambio.
Consuelo: El otro día nos enteramos de la muerte de San Martín y me consoló como un grande. Me decía: “No llore, mamá, va a estar siempre con nosotros”.
Isidora: (Los ojos de Isidora se abrieron como si hubiese visto un monstruo) ¡Madre mía! ¡No puede ser!
Consuelo: ¿Qué pasó? (alarmada)
Isidora: San Martín.
Consuelo: ¿Cómo? ¿No sabía?
Isidora: No. ¿Cuándo fue?
Consuelo: Pensé que sabían, hace rato llegó la noticia a América.
Isidora: Ay, hija. Si se llega a enterar tu padre, se muere. Acá mismo se me muere.
Consuelo: Madre, no diga eso.
Isidora: Es que sí, con el aprecio que le tenía. Tu padre está dentro de todo bien, pero de acá (se señala la cabeza) está mal. (Consuelo la mira confundida) Está angustiado porque piensa mucho.
Consuelo: ¿Por?
Isidora: Qué sé yo, por todo. Por el país, porque está viejo y no puede moverse más que de la cocina al cuarto. Todo lo aflige. Mejor no le diga nada, que no se entere.
Consuelo: No se preocupe, no hablaremos del tema.
TELÓN

SEGUNDO ACTO

PERSONAJES

DON FRANCISCO
DOÑA ISIDORA
DOÑA CONSUELO
BAUTISTA

Escena 1

Don Francisco aprovecha la sombra de su parra. Bautista ingresa.

Francisco: Deje esa rama, niño, que le va a sacar un ojo a alguien.
Bautista: Estoy aburrido.
Francisco: ¿Y qué quiere que haga, que le contrate a un bufón?
Bautista: ¿No me cuenta sobre el cruce de los Andes?
Francisco: ¿No le dijo nada su madre?
Bautista: Algo.
Francisco: ¿Qué le dijo?
Bautista: Que cruzó Los Andes con el General San Martín.
Francisco: ¿Eso nomás? ¡Pero, usted tiene que saber estas cosas! Se tiene que formar como un hombre de bien. ¿Entiende lo que le digo?
Bautista: Sí.
Francisco: Venga, acérquese que no pienso hablar a los gritos.
(Bautista se acerca y se sienta de su lado derecho)
Francisco: No, de ese lado no, del otro. (Tocándose la oreja) Soy sordo de esta oreja.
Bautista: ¿Qué le pasó?
Francisco: Soy viejo. Un viejo sordo. Cámbiese de lugar, vamos.
(Bautista se sienta del otro lado)
Francisco: Ahora estoy así, pero cuando era joven… cuando era joven era fuerte como un toro. Y me tocaron las mejores épocas. Eran unos años maravillosos, de hombres valientes. ¡Eso sí que eran hombres! Luchábamos por la patria, por la libertad de los pueblos.
Bautista: Como San Martín
Francisco: Como San Martín, como Álvarez Condarco, Soler. Hombres inteligentes. Esos sí. Cuando me llamó San Martín, que era el gobernador de ese entonces, no lo podía creer. Me llamó para consultar sobre los caminos, para organizar la expedición. Claro que tenía idea, no conocía todo el terreno como la palma de mi mano, pero alguna idea tenía porque yo… yo era muy andariego. Qué responsabilidad. Una responsabilidad enorme.
(Isidora y Consuelo entran en escena)
Isidora: ¿Qué hace, viejo?
Francisco: Acá le estoy contando del cruce de Los Andes al muchacho. (En tono de protesta) Miren la altura que tiene y no sabe nada.
Consuelo: Algo le he contado, pero no es lo mismo que se lo cuente usted, que estuvo ahí.
Isidora: Qué aventura fue aquello. Ahora que uno lo piensa, fue muy arriesgado.
Consuelo: El abuelo se encargó de ayudar a San Martín a armar el mapa…
Francisco: (la interrumpe) Primero armamos el mapa, sí, pero no era solo eso. Teníamos que calcular los recursos que necesitábamos, porque eran caminos muy difíciles, no había pasturas para las mulas. Había que llevar el alimento para el ganado.
Isidora: No había agua.
Francisco: Agua había, pero era imposible de alcanzar. Si bajábamos no íbamos a poder volver a subir. Los caminos eran estrechos, así que había que entrenar a las mulas.
Bautista: ¿Entrenar a las mulas? ¿Cómo?
Francisco: ¿Cómo hicimos? Eso mismo me pregunto yo. Prepararlas para andar de a poco, en un ambiente difícil. (Sonríe) Yo tenía una mula medio terca, como tu abuela.
Isidora: (haciéndose la enojada) ¿Qué dice?
Francisco: A la mula le gustaban las pasas de uva. Y cuando se ponía un poco terca le daba una pasa de uva y le decía al oído: “Si avanzás, más tarde te doy otra y cuando lleguemos al final del camino te consigo una parva entera”. Otros hombres de la expedición me vieron y se rieron. Luego, empezaron a hablarle a las mulas. Parecíamos locos. Pero algo había que hacer, porque si se ponían nerviosas, si miraban para bajo, las patas les empezaban a temblar y paf, las perdíamos. Caían al precipicio.
Isidora: El frío que pasaron. Le habíamos preparado buena ropa, pero que le diga su abuelo, allá hace mucho frío.
Francisco: Nunca pasé tanto frío en mi vida. A la noche tiritábamos. Las mulas también. Pero para otros lo peor era el mal de altura.
Bautista: ¿Qué es eso?
Francisco: No sé cómo explicárselo, pero el hombre no está acostumbrado a estar tan alto y se empieza a sentir mal.
Bautista: ¿Les dolía la cabeza?
Francisco: Sí, algo así. Es una sensación fea, horrible. Como si uno sintiera que le va a explotar la cabeza, como si tuviera una carreta encima del pecho. Y controlar el ganado estando malito no es fácil.
Isidora: Tu abuelo estaba acostumbrado, pero otros hombres no.
Francisco: A mí me afectaba, pero sabía manejarme aun sintiéndome mal. Era difícil. Había que hacerlo, era la única forma de derrotar a los realistas. Yo no sé cómo el gobierno no fue más generoso con el General San Martín. Ojalá algún día vuelva y le den el reconocimiento que merece,1 ¡malditos ingratos! El gobierno central fue muy ingrato, muy ingrato.
Bautista: Pero el General…
Consuelo: Bueno, me parece que es mucha historia por hoy, vamos a dejar descansar un poco al abuelo.
Francisco: Bah, podría estar hablando horas y horas de estas cosas con tal que el muchacho se forme. ¿Qué me iba a preguntar?
Isidora: ¿Les parece que vayamos?, me parece que ya bajó el sol como para andar afuera, nos vamos a quedar oscuras.
Bautista: ¿Cómo va a volver el General San Martín a América si ya murió?
Consuelo: Qué dice, no es así.
Bautista: Pero…
Consuelo: Entendió mal, yo después le explico.
Francisco: ¡Consuelo, soy viejo, pero todavía me funciona la cabeza! Dígame de qué se trata todo esto.
(Consuelo mira a su madre)
Francisco: ¿Es verdad?
Isidora: ¿Qué se le va a hacer, viejo?
Francisco: (enojado) ¡Rezar por él! ¡Eso voy a hacer!
(Francisco se levanta con mucho esfuerzo de su silla, mira al piso y hace esfuerzo para no llorar. Isidora se acerca a él sin saber qué hacer)
Isidora: ¿Qué va a hacer, viejo?
Francisco: Ya le dije, mujer. Voy a avisar para que declaren duelo.
Isidora: ¿A dónde? ¿A dónde piensa ir?
Francisco: Al centro del pueblo. Diré a los gritos que murió un hombre al que le debemos la vida. Porque esa es la verdad. Esa es la verdad y todos tienen que saber.
TELÓN
FIN DE LA OBRA

1 El General San Martín muere en Francia en 1850.
 

3 comentarios:

  1. July me encantó. Sería bueno que la gente conozca este sitio y que vos sigas escribiendo obras hermosas como está.

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  2. Es hermosa la obra, me emocionó y además es muy valiosa para trabajar con los chicos. Felicitaciones!

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  3. ¡Muchas gracias! Espero que a los chicos les guste!

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