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jueves, 13 de octubre de 2016

Tengo un monstruo en el bolsillo, de Graciela Montes

Este libro me hizo acordar mucho a mi infancia porque está ambientado en los '90. De hecho, la primera edición es de 1999. En aquellos años, las niñas usábamos medias con puntillas. Y cuellos con voladitos (aunque no se mencione lo de los cuellos). Además de la estética y de la referencia a ciertos juegos, me sucedió algo parecido a lo que le pasó a la protagonista. No, no tuve un monstruo en el bolsillo. Pero sí me sacaron un papel protagónico de una obra escolar por ser "tímida".

Más allá de esta conexión emotiva con el libro, recomiendo la novela porque sé que a muchos chicos les va a gustar. Creo que la cantidad de reediciones -el libro que tengo en mis manos es la 18va edición- afirma lo que digo. Pero voy a presentar otros argumentos más.

La novela está narrada en primera persona y cuenta la historia de Inés. Inés es una niña a la que no le suelen suceder cosas "Maravillosas, Terribles y Extraordinarias". Hasta que un día mete la mano en el bolsillo y se encuentra con un monstruo. Contarle a alguien sobre el monstruo se vuelve complicado, pero mucho más tener un monstruo y que entre en acción.

Inés se define a sí misma como tímida a partir de cómo la definen otras personas. Ella se siente más cómoda escribiendo que hablando. Todo esto del monstruo surge a partir de que otra chica, "la más linda del grado", se empieza a llevar bien con el chico que le gusta a Inés y, para colmo, le quita el papel en la obra escolar de la que es autora. Casualmente, el monstruo empieza a entrar en acción cuando a Inés no le gusta algo o alguien le cae mal.

En esta novela hay una mezcla de lo extraordinario con lo cotidiano. Y eso hace a la novela sumamente interesante, porque puede dar lugar a discusiones. ¿Existió el monstruo?, ¿cómo se explica lo que sucedió?

La novela te atrapa desde el primer capítulo y lleva un buen ritmo. Por momentos parece que es como leer un diario íntimo, aunque no lo es. Por otra parte, es común que en la prosa se establezca algún tipo de interacción con el lector, por ejemplo, al dar explicaciones sobre a qué viene eso de contar determinada cosa.

Algunos títulos de los capítulos anticipan un poco lo que va a suceder, como por ejemplo: "En este capítulo mi monstruo entra en acción y yo me ligo un buen reto". Otros simplemente reflejan cómo se siente la protagonista o qué impresión tiene al respecto: "Este capítulo empieza muy mal pero después mejora un poco".

Es una historia que funciona en esta época porque seguramente muchas chicas deben sentir que pertenecen a otro grupo distinto al de "la popular" o "la más linda" y porque siempre hay adultos que no entienden nada. Lo del monstruo es una excusa, interesante (por supuesto) para contar algo que le suele pasar a muchos chicos de esa edad.


La reedición a la que hago referencia es de Sudamericana, año 2013. Las ilustraciones son de Delia Cancela.

jueves, 6 de octubre de 2016

La sonada aventura de Ben Malasangüe, de Ema Wolf

Esta es la historia de un pirata que inicia su oficio a destiempo. Y como suelen ser las historias de piratas, tiene búsqueda de tesoros, problemas con víveres, una tormenta que azota a la embarcación y el naufragio en una isla desconocida.

La novela es corta pero no es fácil de leer por dos razones. La primera es que hay un vocabulario propio de la navegación, alguna que otra palabra o construcción que puede generar dificultad. También hay alusiones a  sucesos de la historia y referencias a puntos geográficos. Otro motivo por el que puede generar complicación es la estructura de la novela. Cuando los piratas llegan a la isla, además de contar lo que les sucede a ellos, se introduce la historia de los que viven allí. Esto requiere que el lector pueda seguir las dos historias, recordar o volver para atrás, hasta que se crucen. Dicho todo esto, el libro amerita el desafío.

Ema Wolf utiliza muchos y diversos recursos de comicidad que hacen que la novela sea divertida de leer. Algunas partes graciosas solamente son para entendidos, es decir, para argentinos o conocedores de la cultura argenta. Más allá de esto, que no es poco, es una historia muy bien contada que te suma a la aventura de un grupo de piratas, que te hace sentir empatía por el gato, asco por una dieta a base de banana y curiosidad por el compañero de celda de Ben.

Además, el libro está ilustrado por Tabaré, un historietista muy conocido por sus personajes Diógenes y el Linyera. Como era de esperar, logró capturar muy bien las escenas y hacer su aporte.

El libro fue editado por Alfaguara infantil.